¿De dónde venimos y por qué estamos aquí? En un mundo lleno de etiquetas que intentan definirnos, conocer nuestro verdadero origen es más crucial que nunca. Las escrituras y registros antiguos establecen la existencia preterrenal de los seres humanos como hijos espirituales de Dios. Este conocimiento de la identidad divina se presenta como esencial para ejercer el albedrío. Reconocer este origen permite a las personas comprender su naturaleza y su destino eterno.
La aplicación de esta doctrina busca fortalecer las relaciones personales y familiares mediante el respeto y la dignidad. Al identificarse como hijos del convenio, los individuos pueden afrontar los desafíos terrenales. El plan divino propone el progreso de las familias hacia la vida eterna a través de Jesucristo.
Perspectivas: La Visión Doctrinal de Nuestra Herencia
Las escrituras restauradas y los registros antiguos estudiados en el manual de preparación de Ven, sígueme 2026 proporcionan evidencia directa y fidedigna de que existimos como hijos procreados como espíritus por Dios antes de nacer en la tierra. Conocer esta identidad divina es el conocimiento más poderoso que podemos poseer para ejercer nuestro albedrío y rechazar los engaños del adversario.
Investigar: Doctrina, Principio y Aplicación
Doctrina: Referencias Fidedignas de Nuestro Linaje
Las fuentes revelan claramente nuestra naturaleza preterrenal y nuestra relación literal con Dios:
- Moisés 1:4, 13: El Señor se apareció a Moisés y le declaró su verdadera identidad: «He aquí, tú eres mi hijo». Poco después, cuando Satanás intentó engañarlo, Moisés se aferró a esta revelación declarando: «yo soy un hijo de Dios a semejanza de su unigénito».
- Abraham 3:22-23: Dios le mostró a Abraham una visión del mundo de los espíritus antes de la creación de la tierra. Vio a las «inteligencias que fueron organizadas antes que existiera el mundo» y Dios le enseñó que nosotros estábamos allí y fuimos escogidos desde el principio.
- La Familia: Una Proclamación para el Mundo: Este documento profético moderno reafirma la doctrina enseñada en las escrituras antiguas, declarando: «Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos».
Principio: El Albedrío y Nuestra Verdadera Identidad
Satanás busca desesperadamente que olvidemos nuestro origen divino para evitar que podamos ser nuestros propios agentes en rectitud. Cuando Satanás tentó a Moisés, lo llamó intencionalmente «hijo de hombre» para degradarlo y hacerle creer que era puramente terrenal. Sin embargo, al comprender su verdadera identidad, Moisés pudo usar su albedrío para repeler la tentación, discernir las tinieblas del adversario y exigirle que se retirara en el nombre del Unigénito.
Aplicación en Tres Niveles
- Personal: Recordar nuestra identidad divina nos permite enfrentar las crisis y la soledad terrenal con la seguridad de que el Ser más poderoso y sabio del universo nos conoce, nos ama de forma perfecta y desea nuestro progreso.
- Familiar: Entender que todos fuimos procreados como espíritus por Padres Celestiales transforma nuestra manera de ver a los demás; nos ayuda a tratar a cada persona con respeto y dignidad, reconociendo que, espiritualmente, todos somos parte de la misma familia.
- Con Dios: Nos invita a invocar a Dios no como una fuerza distante, sino como un Padre literal, forjando una relación por convenio mediante la cual nos promete un amor compasivo (Jesed) que nos sostendrá eternamente.
Aprender: Fortaleciendo la Familia Celestial
El plan establecido en la vida preterrenal fue diseñado para que la Familia Celestial pudiera venir a la tierra, obtener un cuerpo físico y ser probada. Jesucristo fue ordenado desde el principio como nuestro Salvador para hacer posible nuestro retorno a ese hogar celestial. Al enseñar estas verdades fundacionales en nuestros hogares terrenales, ayudamos a nuestra familia a rechazar las etiquetas limitantes y los «ismos» del mundo que buscan fragmentarnos. Si somos fieles a nuestra identidad primordial como hijos de Dios, hijos del convenio y discípulos de Jesucristo, el plan del Padre se cumplirá en nosotros.
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Fundamento de Eternidad
«En el mundo premortal, hijos e hijas, procreados como espíritus, conocieron a Dios y lo adoraron como su Padre Eterno, y aceptaron Su plan por medio del cual Sus hijos podrían obtener un cuerpo físico y ganar experiencia terrenal para progresar hacia la perfección y finalmente lograr su destino divino como herederos de la vida eterna.»
— La Familia: Una Proclamación para el Mundo
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Compromiso de Acción
Esta semana, cuando te sientas abrumado por las presiones de la vida terrenal o las voces del mundo intenten disminuir tu valor, haz una pausa consciente. Di en voz alta la misma defensa que usó el profeta en la antigüedad: «Soy un hijo [o hija] de Dios». Usa tu albedrío para tomar decisiones hoy que estén a la altura de esa herencia real preterrenal.
Redes Sociales:
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